11 mar. 2017

"Poesía de la muerte y de la flores", por Edgardo Rivera Martínez

Nezahualdoyotl
Nezahualdoyotl

     Entre nosotros es sin duda casi desconocido el nombre de Nezahualdoyotl, legendario rey, poeta, guerrero, constructor y pensador nahuatl, en México antiguo, y que vivió entre 1402 y 1472. Como ignorados nos son también tantos otros príncipes y artistas y poetas de la época precolombina. Y es que vivimos, en lo cultural como en otros órdenes, en espacios estancos, de modo que con frecuencia sabemos más sobre las metrópolis -Europa y Norteamérica- que sobre los países de nuestra Hispanoamérica.

     El  azar -un azar amable y benévolo- ha puesto en nuestras manos el libro que José Luis Martínez, el conocido escritor mexicano y ex-director del Fondo de Cultura Económica, ha dedicado a la vida y la obra de ese personaje que tan a caballo se encuentra entre el mito y la historia. Y la información que allí se recoge, y la lectura de los muchos poemas y textos que se transcriben, dejan una impresión en verdad memorable, y en adecuada concordancia  con la que producen, por ejemplo, el arte de Teotihuacán, la escultura olmeca, los monumentos toltecas. Una honda y duradera impresión.

     Nezahualcoyotl fue hombre de trayectoria rica y contradictoriamente vital, y, si en su caso se pudieran aplicar criterios ajenos a su universo, épica, novelesca. La verdad se diluye constantemente, en el recuerdo de su existencia, en la leyenda, y la poesía se da la mano con la religión y la guerra. Y representa sin duda, como dice José Luis Martínez, toda una "tradición moral, y, especialmente, la herencia tolteca de Quetzalcoatl, que intentó oponerse a la concepción místico-guerrera de los aztecas".

     Era muy joven  cuando se le arrebató su señorío, y debió luchar diez largos años para recobrarlo. En 1431 fue finalmente coronado, y reinó sobre Texcoco y México-Tenochtitlan. Se consagró entonces, con indesmayable tenacidad, a la organización de sus dominios, y mandó construir palacios, jardines, templos, escuelas, conoció también el amor ferviente, la pasión, el crimen. Mas siempre hubo lugar en su vida, para una obra poética de la que han mudado numerosos aunque también dispersos y fragmentarios ejemplos.

     Cuando se habla de poesía a propósito de pueblos como el de las nahuas, no se tiene en mente, por cierto, el ejercicio individual pero institucionalizado que prevalece hoy. La poesía cumplía entonces funciones muy diferentes, y se hallaba, como es sabido, en solidaria asociación con la música y la danza. Y el canto, en el viejo México, solía ser, en más de un sentido, sucedáneo de la guerra. Los poetas, de otro lado, pertenecían por lo general a la nobleza, aunque había también lo que podría llamarse "profesionales asalariados". Posiblemente se afirmaba ya en ellos una noción de la creación personal, indesligable, no obstante, del sentir colectivo. Sea como fuere, disfrutaban de un enorme prestigio.

     Los poemas de Nezahualcoyotl tienen como temas principales la guerra, la fugacidad de la vida, los dioses, las flores, la poesía mínima. Predominan en ellos la actitud reflexiva y la consideración de la existencia sobre el sentimiento y la imaginación. Y alienta, en la gran mayoría de los casos, un pesimismo fundamental.

     Se pregunta, el poeta: "¿De dónde provienen las flores que embriagan al hombre?/ ¿El canto que embriaga, el hermoso canto?" Y en otro lugar sostiene: "Con cantos algunas vez me he amortajar,/ con flores mi corazón ha de ser entrelazado". La melancolía, no obstante, se quiebra a veces, y abre campo a la alegría: "Ponte en pie, amigo mío,/ toma tus flores junto al atabal". Y es lejano y solitario, mas también compasivo, el dios supremo, el Dador de la Vida: "¡Es un puro jade,/ un ancho plumaje/ tu corazón, tu palabra,/ oh, padre nuestro/!" Más es también hermoso y envidiable el destino y la muerte de los guerreros: "Al borde de la guerra, cerca a la hoguera/ os dais a conocer,/ Polvo de escudo se tiende,/ niebla de dardos se tiende." Y si es breve la existencia, y generosa en dolores, vivamos al menos: "Yo soy Yoyontzin: aquí se alegran nuestros corazones,/ nuestros rostros: (...) ¡Instante brevísimo, oh, amigos! ¡Aun así tan breve que se viva!"




(*) José Luis Martínez, Nezahualcoyotl, Vida y obra, México, Fondo de Cultura Económica, 1980.





*Extraído de: La República, 10 p., Lima, 3 de enero de 1983.
**La fotografía es cortesía de Plumas Libres

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