4 mar. 2017

"Dante y Vallejo", por Leopoldo Chiappo

Grabado de Vallejo, por Picasso. Grabado de Dante, por Gustave Doré
Vallejo, por Picasso - Dante, por Doré


     ¿Quién es Dante? Si alguien quisiera preguntarlo, la respuesta podría ser muy sencilla. Bastaba una reseña de los exiguos datos biográficos del gran poeta italiano universal. Es decir, que Dante nació en Florencia el año 1265, amó a Beatriz, se casó con Gemma Donati que le dio tres hijos, intervino en batallas y en política, fue desterrado, escribió la obra cumbre de la humanidad la Comedia llamada Divina, murió en el exilio el año 1321 en Ravenna. Una reseña biográfica es el esqueleto sin alma de la vida de un hombre.

     ¿Quién es Dante? Otros podrían encontrar la respuesta asociándolo con la palabra popular "dantesco". Dante es el autor de las espantosas imágenes del Infierno, con sus atroces condenas, ríos de sangre, lóbregos pantanos, lluvias de fuego, campos de cuerpos descuartizados, fosos llenos de mierda, lagunas de hielo, etc. "Dantesco" es el adjetivo que sirve para calificar lo enormemente espectacular y catastrófico en su horror, incendios, masacres, etc., etc. Dante es el hombre de la imaginación "dantesca".

     ¿Quién es Dante? Quizá la respuesta más profunda y sólida la puede encontrar cada uno leyendo toda la obra de Dante, los innumerables comentarios que desde el siglo XIV vienen haciendo las mentes más diversas y muchas de las inteligencias más altas y sutiles que se han dado. También servirán las biografías, desde la de su genial admirador Boccaccio (el autor del Decameron, en el siglo XIV) y Leonardo Bruni (siglo XV) hasta la última, rigurosísima y penetrante, del eminente dantólogo italiano Prof. Giorgio Petrocchi (1978).

     ¿Quién es Dante? La insistencia en la pregunta nos va colocando en la creciente profundidad de su sentido. Y la respuesta nos viene en un nivel inesperado de hondura en la interpretación de un poema de César Vallejo, el más grande poeta en lengua castellana de nuestro siglo. Es como si se nos abriera de súbito un boquete a través del cual pudiésemos atisbar vivencialmente una vislumbre del ser de Dante, su quien es. Ya no en la imagen estatuaria y lejana, sino en su ser cercano y nuestro.

     Claro está, Vallejo no se ha ocupado nunca específicamente de Dante. En toda su obra Vallejo nombra una vez a Dante. Y la palabra "Dante" aparece entretejida en la textura misma de uno de sus "Poemas Humanos", aquel que se inicia con "Me viene, hay días, una gana ubérrima". Es decir, la palabra "Dante", al incorporarse en el universo verbal de ese poema, se transfigura en palabra poética. Y ya queda iluminada desde el contexto significativo. En esa iluminación emerge el rostro humano y poético del ser de Dante, encubierto en el fondo de cada uno de nosotros hombres humanos.

     Citamos estrictamente lo esencial para nuestro tema: "Me viene, hay días, una gana ubérrima, política,/ de besar al cariño en sus dos rostros,/ y me viene de lejos un querer/ demostrativo, otro querer amar, de grado o fuerza,/ al que me odia, al que rasga su papel, al muchachito,/ a la que llora por el que lloraba," etc., etc. Desde el inicio el poema se abre de par en par en una intensa expansión amorosa. Hasta la palabra "política" asume su profundo significado amoroso, social, solidario, redimida poéticamente, creadoramente, de su sórdida significación habitual de turbio manejo práctico de mezquinas ambiciones y elevada a la "gana ubérrima" de besar.

     Es en este contexto de amor efusivo que aparece el texto: "...da ganas de besarle/ la bufanda al cantor,/ y al que sufre, besarle en su sartén,/ al sordo, en su rumor craneano, impávido; al que me da lo que olvidé en mi seno,/ en su Dante, en su Chaplín, en sus hombros". Y todo ello en un : "¡Ah querer, éste , el mío, éste, el mundial,/ interhumano y parroquial, provecto!"(provecto: "maduro, entrado en días, antiguo, adelantado, o que ha aprovechado en una cosa"). No es, pues, un querer o una gana volátil, sino como el vino de solera, añejo.

     Ya Boccaccio había observado que Dante, diminutivo con el cual se ha inmortalizado Durante Alighieri, quiere decir "el que da", es decir, el participio activo del verbo "dar". Y en ello veía lo que al mismo Dante le gustaría ver según el gusto medieval que "nomina sunt consequentia rerum", es decir, que los nombres son consecuencia de las realidades, que la vida de la gente y su destino tiene una secreta vinculación significativa con el nombre y su etimología. Vallejo, con intuición poética, rescata la significación del nombre propio Dante insuflándole el sentido dinámico de verbo activo participal de "dante", "quien da" "dador", "el que siempre está dando", fuente incesante.

     Pero ¿de qué es "dante" Dante? Recordemos las palabras citadas del poema: quien es besado en su sartén es alguien que sufre ("al que sufre"), quien es besado en su Dante, es decir, en su ser noblemente donante, es quien me da no cualquier cosa, secundaria, superflua o accidental, sino nada menos que lo más importante que es quien "me da lo que olvidé en mi seno." Nótese la vinculación entre "Dante" y "me da" y con ello precisamente que ser el poeta Dante y al mismo tiempo el que "me da" se identifican en el carácter supremo y único de la donación: darme lo que olvidé en lo más profundo de mí mismo, en mi propio ser, en mi penetral, "en mi seno".

     Pero ¿quién es este Dante de Vallejo, dónde está? Evidentemente se trata de Dante mismo.





*Extraído de: Domingo, 2 p. La República, 08 de mayo de 1984. (Lima).

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