18 ago. 2016

"Una vida contada" / Entrevista a Carlos Eduardo Zavaleta

Escritor Carlos Eduardo Zavaleta. Fotografía de Fátima López
Fotografía de Fátima López
Entrevista de Maria Elena Cornejo

     Un centenar de cuentos, tres novelas y quince libros publicados son parte de la historia de Carlos Eduardo Zavaleta, uno de los narradores más importantes de la generación del 50 que saboreó la fama antes de cumplir los 20 años cuando ganó los Juegos Florales de San Marcos en 1947.
    Por entonces el joven caracino –obviamente influenciado por su hermano mayor- era estudiante de medicina en San Fernando aunque pasaba el día en el patio de Letras de San Marcos discutiendo de literatura, intercambiando libros, borroneando cuartillas y participando en tertulias con los jóvenes de esa época.

     -¿Cómo era el ambiente universitario en esos años?

      -Era un verdadero hormiguero precisamente porque había mucha represión. Después del ´45 regresan al Perú los repatriados del Apra y del Partido Comunista y también llegan libros de Hemingway. Dos Passos, Moravia, el “Ulises” de Joyce en una extraordinaria traducción argentina que sirvió de base a las traducciones al español que se hicieron posteriormente. Latinoamérica estaba a la vanguardia en los años de la posguerra porque España se encerró prácticamente en el oscurantismo. 

     -¿Algún libro lo marcó de manera especial?

      -Sí. “Retrato de un artista adolescente”, en traducción hecha por Dámaso Alonso en 1926 quien se cambió de nombre para eludir la represión del clero español.

     -¿Qué jóvenes animaban el ambiente literario universitario?

      -Estaban Ribeyro, Salazar Bondy, Luis Loayza, Congrains, Vargas Vicuña. Había pocas revistas pero mucha actividad literario-musical. El “Negro-Negro” era el refugio obligado de los jóvenes que queríamos ser buenos escritores. Buscábamos óptima calidad, gran nivel y literatura sólo literaria aunque Juan Gonzalo Rose y Manuel Scorza se inclinaron por el lado político. 

     Zavaleta entrecierra los ojos prácticamente ocultos tras gruesas gafas y se interna en los recuerdos de esos años. Habla con la timidez del hombre andino pese a su experiencia cosmopolita que lo llevó a largas estancias en Londres, Madrid, Bolivia, México, como ministro de Asuntos Culturales de la Embajada de Perú.

     -Enrique Congrains fue el gran surtidor de libros, ejemplo que luego siguió Scorza. El creó el “Circuito de Novelistas” sello casi fantasma con el que recorría ministerios vendiendo a plazos y a precios populares.

     -Usted introduce la manera de escribir faulkneriana en nuestra literatura…

     -Eso dicen. En el ´50 viajo a E.E.U.U con una beca y asimilo a Joyce, Faulkner, Pound. Me parecía que el esquema indigenista no permitía una buena descripción social ni el contrapunto psicológico. Entonces había que innovar y buscar otras estructuras que enriquecieran la narración.

     -Sin embargo algunos críticos señalan que su prosa no se ha modernizado, que mantiene el tono y el tema que empleaba en los ´60.

     -Eso es falso, dice con una ligera irritación en la voz. En mi último libro publicado “El padre del Tigre” con cuentos el ´86 al ´90 se recogen temas como el terrorismo, la corrupción, incluso hay narraciones ambientadas en otro país. Lo que pasa es que la idea que tuve del Perú a los 6 años se mantiene intacta hasta hoy. Una Lima de espaldas a provincias, una sociedad sorda a las necesidades de la mayoría, un país fragmentado y dividido que retrocede culturalmente. Así estamos.

     -¿Por qué una persona como usted, premiada y halagada desde muy joven no tiene el reconocimiento internacional que debería?

     -Debe ser por temperamento. No me gusta promocionarme ni hablar mucho de mí mismo. Vargas Llosa dice que para triunfar se necesita esfuerzo, talento y suerte. Dejo a los lectores el decidir cuál de estos factores me ha fallado.

     Aparentemente reservado y huraño, Zavaleta tiene un fino humor que administra con cuidado. Admirador de Cortázar y Borges, recuerda que en dos ocasiones estuvo con ellos pero se sintió corto en presentarse. Más bien con Benedetti hizo buenas migas y el poeta uruguayo recomendó la novela “Los aprendices” para que se editara en Argentina.

     También me han publicado en España en 1979, “Un día en muchas partes del mundo” (el libro preferido de Tita, su diligente y silenciosa esposa que nos aprovisiona de café durante la charla), y en México, pero el tiraje más extenso fue el de Munilibros con 15,000 ejemplares.

     -¿A qué cuentista peruano admira más?

     -A Valdelomar sin ninguna nada. Él fue el verdadero fundador y el maestro.

    -Usted ha publicado novelas, cuentos, ensayos y ha traducido a varios poetas ¿También escribe poemas?

     -No, no, pero escribo cuentos porque es una forma de acercarse a la poesía. 





*Extraído de: Caretas Nº 1266, pp.64-65. Lima (17 Junio,1993).

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