22 jul. 2015

"Nicomedes ante su enigma", por Sebastián Salazar Bondy

Dibujo del escritor Nicomedes Santa Cruz, por Enrique Bartra
(Dibujo: Enrique Bartra)
A Nicomedes Santa Cruz el pueblo lo conoce menos como poeta que como "decimista", y él parece ceder a este reclamo público ejerciendo la poesía en alternancia con las décimas de pie forzado, presentes en el folklore costeño del Perú como en casi todo el de las tierras bajas de América Latina. Y así Santa Cruz no puedo liberarse aún del "fetiche de la rima" y del ritmo octosilábico, cadencias que son indispensables en el verso destinado al canto, "Cumaná" (Librería-Editorial Juan Mejía Baca, Lima 1964) muestra bien claramente que su autor está ante la alternativa de la canción circunstancial (secciones "Al compás del socabón (sic)", "Décimas de pie forzado") y la poesía propiamente dicha ("Poemas", secciones III y IV). Optar por este segundo camino -es comprensible la dubitación- sería renunciar un tanto a la popularidad, aunque significaría, sin lugar a dudas, su definitiva entrega al lenguaje absolutamente poético, a la creación por ella misma.

     No quiere decir esto que las décimas carezcan de encanto. "El café", "Talara" y otras situadas en la línea social, así como las que se revisten de interrogaciones metafísicas, dan buena medida de la capacidad poetizadora de Nicomedes, aun cuando su autor se encuentra constreñido por la sumisión formal a las espinelas, redondeadas además con los versos del cuarteto que les da motivo. Pero ente los "Poemas" se hallan "Muerte en el ring", "De igual a igual", "Llanto negro", "Los comuneros", "Palo", "América Latina", es decir, los que han superado la ocasionalidad de la emoción generadora y cuya calidad es relativa al logro final, no a las dificultades de la estructura externa, debido a lo cual se completan en sí y develan una perspectiva secular sobre el hombre y la vida.

     Es probable que "Cumunana" sea el libro de la transición. Dos elementos fundamentales hay en la personalidad de Nicomedes Santa Cruz que condicionan su vocación en un sentido particular, diferente al del resto de los poetas peruanos. Uno es su naturalidad, entendida ésta como una manifestación que brotó sin auxilio de la cultura sistemática pues era y es carne de ser, y otro el sentimiento de la negritud, que en el país sólo había aparecido, tímida y sobretodo jocosamente, en la música popular afro-peruana, hoy en irremediable proceso e desaparición. Este sentimiento tiene en Santa Cruz un sentido que rebasa el simplemente racial y que apunta, sin hacerse todavía conciencia en él, como espíritu de clase. Tal vez el libro comentado sea la objetivación de la crisis que el paso de lo pintoresco a lo humano está provocando en el poeta.

     Que conste, sin embargo, que lo señalado arriba es únicamente una hipótesis. El libro nos ofrece tres escalones: la décima, que Santa Cruz maneja con habilidad que alcanza la maestría; los excelente poemas comprometidos con la realidad y, por último, lo que en el segundo de estos grupos se manifiesta como frustráneo, incidental, libresco y paródico ("A la muerte de Juan Belmonte", "Oración", "Poerto", "Puerto Callao", por ejemplo). Es el propio Nicomedes quien debe preguntarse en cuál de estos tres escalones siente que es más él y su obra es más profundamente suya. A la postre, cada artista se enfrenta algún día a su enigma y elige ante él su rumbo para siempre.




*Extraído de: "Nicomedes ante su enigma". Por Sebastián Salazar Bondy. Diario "El Comercio" (24 de mayo de 1964).


Más información sobre la vida y obra del autor en: Nicomedes Santa Cruz Gamara


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