12 mar. 2015

"Una vehemente diatriba de amor", por Edgardo Rivera Martínez

Libro de Gabriel García Márquez titulado: Diatriba de amor contra un hombre sentado
Después de Del amor y otros demonios,
García Márquez vuelve a escribir sobre el amor.
Diatriba de amor contra un hombre sentado.
Arango Editores, Bogotá.
1994, 70 páginas.


Una vez más Gabriel García Márquez nos sorprende, pero está vez no con una novela, sino con un largo monólogo dramático en un acto, con el desconcertante título de Diatriba de amor contra un hombre sentado.

     Porque el amor parece estar en el centro de las preocupaciones temáticas del autor colombiano, como evidencian, ya desde sus títulos, sus dos últimas producciones novelísticas. El amor en tiempos del cólera y Del amor y otros demonios. Pero aquí  se trata de una pasión que estalla, inconsolable y rencorosa, en boca de una mujer que se dirige, en horas de la madrugada, a un marido que finge leer en un sillón, inmóvil, un diario. Hora y media dura esa diatriba, que no es solamente tal, sino también invectiva, queja, recriminación, insulto, confesión, todo ello a la vez sucesivamente, en un estallido de violencia sollozante y amarga: "...ya puedes quedarte ahí hasta el final de los siglos, porque a mí sí que me vas a oír." Una pasión cuyo leit-mo-tiv se anuncia ya en el primer parlamento, con brutal paradoja: "¡Nada se parece tanto al infierno como un matrimonio feliz!"

     Se trata de una pareja muy acomodada que ha retornado de una reunión, en la madrugada de la víspera de sus bodas de plata matrimoniales. El hombre se ha sentado a leer, y no sabemos si presta atención o no al encendido discurso de su mujer. Sea como fuere, de los labios de ésta brota ese flujo incontenible que se prodiga en registros y modulaciones diversas, y evoca así la historia de esa relación que se desmorona.

     Reviven así, ante el espectador y oyente (y ante el lector), los años iniciales, marcados por la pobreza y un embarazo prematuro. Nos enteramos de distanciamientos y reconciliaciones, de la infidelidad y dobleces del hombre, de horas felices y días de desesperanza. Pero por debajo de todo ello se percibe el fuego de amor no extinguido que abriga esa mujer por el individuo que no le responde una sola palabra. Después de todo, según ella le dice: "Lograste hacerme feliz sin serlo: feliz sin amor:" Para luego contradecirse, algo más adelante: "!Qué felices éramos, Dios mío!"

     Tema recurrente, por cierto, y cargado de torva amargura, es el de la antigua infidelidad del esposo. Previsora, le dijo en los comienzos: "No me importa con quién te acuestes, a condición de que no sea siempre la misma." Inútil advertencia, porque ahora los amantes están por cumplir; ellos también en su relación adúltera, sus propias bodas de plata. Harta ya por todo ello, agotada, furiosa Graciela grita: "!Me voy para el carajo!"

     El escenario básico es el de un dormitorio de gente adinerada, con pocos muebles pero todos de buen gusto. Un espacio previsto para cambios de lugar y de tiempo, de acuerdo con los sucesivos estados de ánimo de la protagonista. Cambios que deberán ser operados ya sea por ella misma, o ya sea por un criado vestido de negro, mudo, sigiloso. Los efectos de iluminación revisten especial importancia, sobre todo cuando comienza a percibirse la claridad del amanecer que ingresa por las ventanas.

      El lenguaje resulta sin duda sorprendente para nosotros, con sus varios niveles, en los que se alteran el acento poético con los insultos groseros, y las referencias a un horizonte cultural elevado (la mujer tiene nada menos que cuatro doctorados) con locuciones populares colombianas que, sobre todo en nuestro caso, resultan especialmente sabrosas y expresivas, aun si tenemos que acudir al diccionario.

     García Márquez nos ofrece en esta Diatriba una pieza intensa, de dramática progresión que culmina con el marido en llamas y ella profiriendo frases inaudibles pero sin duda espantosas. Una obra teatral, desde luego, pero también una realización literaria de gran fuerza y poesía.




*Extraído de: Artes &  Letras, pág. 6D, El Mundo. Lima, 27-28 de agosto de 1994.

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