18 mar. 2015

"El mar, los piratas y el amor". Entrevista a Jorge Eslava, por Guisella Gonzales

El escritor Jorge Eslava en la presentación de su libro.
(Fotografía de Diego Ramos)
     Con Descuelga un pirata, es la primera vez que incursiona en narrativa. ¿Por qué eligió el género de aventuras?

     Me interesó desde que leí a Salgari, pero sólo por poco tiempo. Ahora, siendo adulto, me interesan, más que la acción, las peripecias internas, los periplos psicológicos de los personajes. Creo que algo de esto se advierte en el libro, hay una buena parte en la que me preocupa más la exploración psicológica de Oxenham que la acción y la dinámica que pueda tener el libro. Además, me interesa este género porque creo que es un rubro que se ha descuidado dentro de nuestra narrativa.

     ¿Es un intento de reivindicación del género?

     Sí, pero también es un intento de ofrecer a los jóvenes ese lado vertiginoso, activo, que trae consigo la adolescencia.

     ¿La novela fue concebida para un público básicamente adolescente y joven? ¿Por qué eligió este público?

     Es que durante más de quince años he sido profesor escolar y me interesado no sólo acercarme a los jóvenes sino también cubrir el vacío literario que existe para este tipo de público. Cuando inicio mi actividad con la editorial "Colmillo Blanco, trato, en primera instancia, de cubrir este espacio con libros de lecturas apropiadas para niños y jóvenes. Por otro lado, tengo una deuda con mi propia adolescencia: cuando tenía doce o trece años, descubrí y leí a Salgari, y una fascinación romántica me ha quedado desde entonces.

     ¿Has tenido muchas lecturas de este tipo?

     Curiosamente, no. En los últimos veinte años creo que más bien mi vinculación con la lectura ha ido por otro lado; creo que he sido, sobre todo y fundamentalmente, un lector de poesía y narrativa breve.

     Comentaba usted que la novela tenía una base histórica...

     El fondo de todo libro es histórico porque respeto algunos datos que van desde la presencia de los personajes; me refiero a los dos principales. Sabemos que Drake existió y Oxenham también. Oxenham fue miembro de la tripulación de Drake, llegó a ser su lugarteniente; que sea cocinero ya es parte de la fabulación, el que llegue a Panamá y sea capturado allí es cierto, lo de los diez o doce años que transcurren desde el momento en que es capturado en Panamá hasta el momento de su ajusticiamiento es pura fabulación, porque ahí le pierdo la pista. La recreación  de todo ese mundo ficticio tiene una raíz histórica, porque efectivamente así se alimentaban los piratas, así se vestían, así era construida una nave. He procurado  no descuidar todos estos cabos históricos aunque la trama misma sea una aventura ficticia.

Portada del libro "Descuelga un pirata" del escritor peruana Jorge Eslava
(Descuelga un pirata
Jorge Eslava.
Seglusa editores &
Editorial Colmillo Blanco.
Lima. 1994. 105 páginas.)

     ¿Cómo fue que nació en usted Descuelga un pirata? ¿Cómo la fue creando?

     He pensado bastante en esto, sobre todo en los últimos meses. Trato de extender una partida de nacimiento a la idea, pero es algo vaga. Estando en España, uno de los deportes predilectos que tenía era visitar librerías y así di con un libro de piratas y luego con otro. Retomé el tema, reavivé un interés latente y antiguo, y entonces comencé a hacerme un pequeña biblioteca sobre piratería. Y cuando a fines del ´86 llegué a Lima, como disponía de tiempo porque no conseguía trabajo, antes que optar por cometer alguna barbaridad decidí escribir unos textos con este material.

     Podríamos situarla ya como un plan a fines del ´86 o en el verano del ´87, en que programo hacer un librito de relatos breves sobre piratas, para jóvenes. Entonces leo, investigo algo, y ficho una media docena de piratas en un libro que se iba a titular Costa de lobos (ahora he trasladado el título para la saga de cinco novelas que tengo proyectadas). Este es el origen de esas novelas, pero como yo no tenía ninguna pericia narrativa, escribí el primer relato, que debía limitarse a cuatro o cinco carillas, pero me salieron veinte, y no tenía cuándo acabar. Llegué a las treinta, cuarenta carillas y comencé el segundo relato, que tuvo un desarrollo parecido.

     Es decir, no tenía control sobre los episodios, me ganaba la trama, me ganaba la atmósfera, así que decidí dejarlo reposar y abandoné el proyecto hasta fines del año pasado cuando tomé la decisión de permitir un desarrollo natural a cada relato. Estos exigían una mayor amplitud y se convirtieron en cinco novelas, agrupadas bajo el título general de Costa de lobos.




*Extraído de: Artes &  Letras, pág. 6D, El Mundo. Lima, 27-28 de agosto de 1994.

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