12 feb. 2015

Poemas de Juvenal Ñique Ríos

(Fotografía: Cortesía Diario La República)

El Frontón


I

En esta isla - tétrica prisión -
ruedan atropellándose
las horas y los días,
y nuestras vidas íntegras
giran y giran en impalpable.


El cielo nublado de tristeza
tiene el rostro angustiado
mirando hacia las rejas.
El mar se agita,
protesta y reza...
Mar y cielo exprimen
sus rostros empapados
de lágrimas azules,
y estremecidos, asombrados
contemplan la tragedia del hombre
en el lúgubre peñón.


II

Aquí, en el Frontón,
no sé cuándo estallaron destrozados
los horarios.
Dese entonces,
el tiempo detenido
se ahueca en cóncava
expresión de funeral.
Y el hombre prisionero,
secuestrado
- agónico hombre -
herido en su costado,
sangrando pecho adentro,
levanta su proclama de dolor.


III

Aquí, es esta gélida prisión,
estrujadas corolas de tristeza
deshojan sus pétalos llorantes
sobre tatuajes hondos,
sobre heridas sangrantes,
y en las azules aguas
del murmurante mar
caen lágrimas densas
sobre tumbos anónimas.
Alguien reza en silencio
y se quiebran las voces
y se pierden las quejas
en el fondo del mar.


IV

¡Dios mío! Tú sabes
del dolor del hombre,
del hombre secuestrado,
cruelmente torturado
por amar al hombre
de principio a fin,
desde los poros a la sangre
y desde la sangre hasta la médula.
¡Dios mío! Tú sabes
como cae y se levanta el hombre
amando y padeciendo su ideal.


V

Y este hombre más hombre
- suma y multiplicación del hombre -
condenado a morir todos los días
se estremece en sus esencia y raíces
y muriendo no muere !no muere!
de su agonía se yergue recreado
en a mágica expresión de la esperanza
y en el fuego sagrado de la fe.
¡Dios mío! Tú sabes que el hombre
se acrisola y se agiganta en el dolor,
que nace del amor y se levanta por amor.
Amor y dolor fecundos son,
uno y otro naces de abismales esencias,
de humanas honduras
y se elevan a infinitas y supremas alturas.
Sí, Dios mío, supremo creador,
amor y dolor fecundos son.
Amor y dolor iluminan al hombre
en esta tétrica prisión.


VI

Y el ideal ¡nuestro ideal!
(malgrado los esbirros del tirano)
del martirio se levanta iluminado
y se agita invicto, inmaculado
¡invencible ideal, fuego sagrado!
Y el corazón libérrimo del preso,
hervor de sacrosantas rebeldías,
desde lo inconmensurable de su gólgota
vibra en triunfales supremas armonías.

El Frontón, 1941.



Ave Marina


Con el tiempo estoy aprendiendo
a conocerte, a quererte,
a mirar el geométrico trazo de tu vuelo
y a comprender tu aislamiento solitario.
Unas veces pasas regalando alegrías
y otras deshojando penas.
Pienso que gozas y sufres
como todos los mortales.
Con la libre expresión de tu anhelo
encendido en el rumbo de tu vuelo
conquistas el espacio
reina de litorales.
Amiga del inmenso mar,
formas parte de su cielo.
Dibujas círculos aéreos,
líneas y figuras espaciales,
algo escribes gaviota mensajera.
No conozco tu alfabeto,
no alcanzo a entender tu abecedario,
pero siento tu mensaje.
Tu libre transitar, tu libertad
me hace pensar en la mía
hoy estrangulada en el presidio.
Aprendo de tu serenidad,
de tu expresión de paz
demoledora de impaciencias.
Y sueño con agitar de las
alcanzando alturas
y conquistando un mundo
de ilimitados horizontes.

El Frontón, 1942.



Desde mi Cautiverio


I

Compañera inseparable:
La noche llega ataviada de sombras
y el incorpóreo silencio
se extiende en el penal.
En mi celda, centinela implacable,
asoma entre las rejas
su rostro impenetrable.
En un rincón, mi cuerpo aherrojado
vibra aferrado a su propia luz
inquebrantable.


II

No te puedo negar
que la soledad y la tristeza
me duelen como espinas
rasgando mi costado,
que siento dentelladas del odio
con fiereza;
que se aflojan mis huesos
y sobre chincheros y fierros oxidados
se desliza mi cuerpo atormentado.
Luego se yergue por la fe iluminado
y desde lo más recóndito
grita mi alma su grandeza.


III

Hasta mi celda llega
tu mensaje de amor
como tierno rocío de paz.
Impalpable tu imagen y tu voz,
hacia mí descienden mitigando el dolor,
y mi cuerpo se enciende
de ternura inefable
a pesar de la celda
y su extraño terror.
Tu espiritual presencia,
tu añorada ternura,
cambia el ritmo de las horas,
y en mi humana estructura
se estremeces mi esencia
anunciando el milagro
de cercanas auroras.


IV

Nada eclipsa la luz del pensamiento
ni al fuego luminoso de nuestro gran amor.
Nada podrá la ausencia,
el cautiverio, el sufrimiento,
ni el tiempo estrangulado por el vano rencor.
Nada cambia ni turba mi diáfana existencia,
ni lágrimas, ni quejas ni lamentos.
Hay fuego en mis venas, paz en mi conciencia,
y en mi humanidad cautiva
florece el pensamiento.


V

Yo volveré a las calles, libre,
sin oídos ni rencores,
caminaremos juntos los caminos andados.
Iremos en busca de las flores
y te ceñiré diadema de ñorbos perfumados.
Tú me darás la lumbre de todas las auroras
recogida en el mágico pardo de tus ojos.
Yo te daré mi lira, mi ánima
y al paso de las horas
natura milagrosa colmará tus antojos.


VI

Regresaré a mi querencia
a nutrirme de su cielo, de sus vientos,
de sus telúricas ofrendas.
Visitaremos juntos el arroyo
removiendo recuerdos entre zarzas y flores,
y en los verdes ramajes de naranjos añosos
orquestarán mensajes los pájaros cantores.
Regresaré al terruño a reencontrarnos, amada,
y los dos iluminados por nuestros invicto amor
seguiremos la estrella por la senda soñada
agitando los símbolos de laureles en flor.

Prisión El Sexto, 1941.




Amiga del Mar

Gaviota: amiga del mar, ilusión alada
en brumosa tarde descendida,
detienes tu vuelo fatigada
encarnada silueta consentida.

Ave marina, itinerante viajera
en el peñón te detienes confundida.
Desde mi cuadra te observo, ágil mensajera,
con tu mirada hacia el mar, indefinida.

Me alegra ver tu grácil movediza silueta,
pareciera que esperas enigmática cita.
Te muestras nerviosa, angustiada, indiscreta,
nadie te corteja en tu breve visita.

Impaciente, pones fin a la espera, tus alas agitadas
y ascendiendo en silencio rumbas preocupada.
Tal vez han fracasado tus románticas citas
y vuelas solitaria, triste y decepcionada.

El Frontón, 1942.



Amor Glorificado


I

Entre el cotidiano dolor
de nuestro pueblo
y su cotidiana esperanza,
está nuestro amor
creciendo entre azules ilusiones.
Nuestras vidas, amada,
están identificadas
con el pueblo y su destino,
con su misión suprema
y sus grávidos anhelos.
Su dolor nos eleva
en busca de la luz
para derramarla con amor
sobre sus heridas lacerantes.


II

El llanto, la miseria, el hambre
del niño abandonado,
nos hace sangrar el alma.
El calvario de la madre humilde
nos golpea fuerte el corazón.
La explotación, el abuso, la injusticia,
nos duele hondo y nos rebela.
Por eso se incendian nuestras lágrimas,
nuestras voces estallan en proclamas
y nuestras vidas sangran y se agitan
como oriflamas en combate.


III

Nuestro amor, gravitación fecunda,
raíz nutricia, inspiración de vida,
seguirá creciendo a pesar
de todos los dolores.
Amada, tan distante
y tan cercana
espiritualmente tan en mí,
físicamente tan lejana.
Sin embargo, somo una sola existencia
germinando en el surco
tremante de la vida. 
¡Qué amor el nuestro!
tan zarandeado,
tan golpeado
tan invulnerable,
tan esencia,
tan inmensamente símbolo
se eleva entre el dolor
y la esperanza.
Amada: desde mi celda
mi evocación te envuelve
con auroral frescura,
no obstante el hervor
de mi protesta.


IV

Amada:
Algún día el pan será verdadero
para todos los pobres
y dejará de ser dura piedra atragantada,
anhelo insatisfecho, ilusión destrozada.
Algún día el acíbar
se trocará en mítica miel
para endulzar los labios
sedientos de todos los humildes.
El hambre dejará de ser
cruel espada cercenando vientres
y cegando vidas.
Algún día los trigales maduros
mecerán la alegría de los pueblos
y la justicia inundará de luces 
todos los caminos.
Algún día el dolor
ya no será dolor de muerte.
Esa es la esperanza que va creciendo,
esa es la fe que nos levanta
de todas las caídas.
Entre tanto, esperemos amada.
Esperemos que despierte la alborada
y derrame sus luces
sobre nuestras frentes agónicas.
Esperemos, amada, ¡sin rendirnos!

Prisión El Sexto, 1941.




*Extraído de: Desde mi Cautiverio, Juvenal Ñique Ríos, págs. 17 - 19, 27, 49 - 54, 69. (2006).


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