10 sep. 2014

"Poemas" de Alberto Vega

(Pintura: "Paisaje" de Oscar Corcuera)


He dejado nacer a mis ojos

He dejado nacer a mis ojos
y he descubierto que el sol de todos los
                                                            (días
emana un misterioso calor,
se detiene con devoción en los parques,
los árboles son más generosos de sombras
y conforme va atardeciendo ellas crecen,
crecen tanto que cuando el sol de despide
en su seno oscuro lo encierra todo.

He dejado nacer a mis ojos
y lo he visto todo muy claro:
el retorno de las gentes al hogar,
la elemental discusión del padre de
                                                      (familia
sobre la vida que cada vez se hace más
                                                           (cara
y la mujer que responde en silencio
                                  (mirando a sus hijos.

Todo ha quedado como recién descubierto
                                                          (ante mí.
Y hasta el inválido después de recibir su
                                                     (limosna
ha observado sin rencor al hombre que
                                                        (camina
que tiene cada propia y vida hecha.



Quien haya sentido

Quien haya sentido nacer una palabra
conoce la voz inefable de las cosas.

Y puesto que nada permanece mudo
cuando el corazón habla,
sorprendo la lengua del silencio,
el río impenetrable
que nunca va a la muerte.

Y quien ahora 
todavía crea en algo
debe sentir lleno de asombro
cómo un nuevo día
despierta ante sus ojos.



En qué sitio profundo

En qué sitio profundo de la tierra
está madurando mi muerte.

En qué corteza de árbol,
en qué perfume de flor,
en qué dureza de piedra,
en qué fragmento de astro,
en qué planta submarina.

Mi muerte madura como un canto
en el otro rostro de la vida,
y es el amor su natural fruto.




Llego a la vida

Llego a la vida
como en verano a las playas.

¡Oh, mar formidable de montaña y de paz!
Así quisiera yo que la felicidad se
                                                  (imponga:
montaña de furia para despertar a todos,
vaivén suave de ola para no ahogarlos.

Y son pues necesarios los extremos
tal dos pilotes de puente
por los que el equilibrio pasa.

Por eso amo en verano. Profundo como el
                                                               (mar.
Y mi cuerpo se estremece en la arena.

¡Oh! sueño varado de un pez
que la mar en silencio rescata.

Yo he de morir como una ola.




*Extraído de: "Tierra Interna/Palabra Natal/La Arena del Tiempo", Alberto Vega, págs. 18, 64, 90, 104, Concytec(1989).

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1 comentarios:

Gran poeta Alberto Vega, muchas gracias por sus cantos.

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