27 jul. 2014

"Oda a la tarde", de Francisco Bendezú





                                              A Juan W. Acha.         

Gritas, ¡oh tarde! Las muchachas
acodadas al balcón, enmudecidas,
te perciben, y los autómatas que arden
y gimen em azules azoteas anegadas.
¡¡Cantas Solitaria y te desangras!

Yo te he visto clamar sin brazos,
y enredarte en los alambres de púas
de los desiertos paseos públicos.
Yo te he visto forcejear desnuda
       con un sudor de escarcha en las axilas.

Yo te he visto bailar en los espejos
y correr por plazas de amaranto,
y dar una hora sin relojes
para las castas parejas que temblaban
acosadas por un largo fulgor de telegramas.

Yo te he visto huir destrozarte
la frente con el mármol aleve de la umbría,
y abrazarte, herida, de los postes,
y llenar, sentada dulcemente,
de hilos y cenizas los estanques.

Yo he rayado tu dramática mejilla
con uñas de diamante o agujas de obsidiana,
 y mordido tus labios delgados como espadas; 
yo he besado tu busto y me he bañado
 en tu halo de deshechas mariposas.

¿Hacia qué antiguo malecón de cobre
conduces, como un aro, la furente
y desalada luna de terror? Las mujeres
te despiden con los muslos entreabiertos y descalzas,
 y te escoltan golondrinas y gramófonos.

¿Qué imposible cintura alucinante
persigues en la luz remota y loca?
¿A qué hoguera, ídolo verde, te abalanzas?
Cantas y sollozas. ¡Ya no hay nadie!
A lo lejos mece el viento columpios oxidados.

Yo adoré tu trémulo perfil y tus violados ojos
de leona malherida y el turbio angel de yesca
que detras de tus hombros taciturno velaba.
Yo execré tu sortija que encandilaba medigos
y mecanógrafas lisiadas de péndulo en la nuca.

Yo te lleve por cines y terrazas alamedas
como una enamorada. Te llevé a la orilla
de undantes planicies exornadas con estatuas,
y a lo largo de enlutadas avenidas inconclusas
te arrastre de los cabellos por los atrios de la nieve.

Tarde de fotografías sangrantes y sandalias,
¡salve! ¡Palmas a tu paso! ¡Hosanna! ¡Hosanna!
¡Claveles a tu cuerpo yacente en la litera!
¡Alminares de azufre para tu horizonte desollado!
¡Vitor! ¡Evohé! ¡Eya velar! ¡Aleluya!




*Extraído de: "Cantos", Francisco Bendezú. Ediciones La Rama Florida. (Lima, 1971).

Share this Post Share to Facebook Share to Twitter Email This Pin This Share on Google Plus

1 comentarios:

Publicar un comentario

¿Te agradó el texto? ¡Deja tu comentario!