24 jul. 2014

"Los 'Mates' y el Yaravi", por José Sabogal




A Percy Gibson.

     Los mates burilados y policromados de los artistas ayacuchanos y huanteños son piezas fuertes de ingenuidad y de carácter andino. Traducen la vida y el paisaje serrano con la fuente sencillez de los primitivos.

        La cordillera es hosca y monumental, graciosa y atrayente. Tiene un encanto musical. Todo canta arriba en las alturas. Es una arquitectura sonora y plácida, fiera y arrulladora. Desde sus basamentos en el Pacífico hasta las nieves vecinas al sol hay una estructura orquestal de matices y arrebatos. El cósmico estruendo del Ande al surgir ha dejado perdurables vibraciones de diapasón por las moles de la cordillera y los hombres andinos llevan el eco sonoro en sus nervios, llevan el ritmo telúrico.

        La visión de la sierra también es musical, siempre "compone": Una inmensa nube en tono menor, el cantarino dorado del cerro, el cactus de seco sonido, el argentado sonido del arroyo y la vida: el indio, la hilandera, y la llama garbosa de asombrados ojos negros batutea con cabeza nerviosa y ritmo una antigua pastoral de qquenas, antaras y pincullos. Los indios bailan al compás de esta sonoridad y acaban el cuadro con sus figuras y su color. Sus danzas traducen la cadencia áspera y suave de la sierra, en el esforzado jadeo de empinada cuesta, en el acelerado caminar por dilatada meseta y la dejadez del cuerpo en los tortuosos descensos. Así traducen su vida en ininterrumpida fiesta musical con la misteriosa qquena de la soledad campestre, con la mezcolanza de instrumentos en sus fiestas hogareñas y pueblerinas. Al nacimiento de instrumentos del hijo como al sembrar la papa la música interviene hasta la cosecha del fruto de la tierra y la muerte definitiva del pobre indio serrano, eterno danzante en la estrechez de su parcela.

           Los artistas anónimos de Huanta y de Ayacucho nos dan la expresión pura y sana de nuestra sierra pintoresca y musical en los burilados de sus primorosos "mates". Estos "mates" que hoy traducen su folklore son hermanos naturales de una alta y genuina estirpe, la de los artísticos "qqueros" del antiguo imperio, q' entonces, como hoy, traducían su vida, los legendarios tiempos del poderío de sus raza, con su Inca, su anda de oro y sus tiernas ñustas, sus fieros guerreros, sus estilizadas acllas, sus "cantutas", su vida agrícola; su cultura. Y sus bailes de acento antiguo como los originales de Huarochirí, la "cashwa" rotunda y la bélica "kachampa" cuzqueñas reviven los frisos de los hermosos "qqueros" de los tiempos heroicos de su raza. Así como hay vemos en los "mates", fundidos con la armonía de otra raza, las vibraciones de la vida simple y fuerte de la cordillera.

        El espíritu del medio ha fusionado los caracteres diversos de dos sangres sin complicarlas, ha sintetizado el tipo. Sus expresiones artísticas tienen el sobrio realismo español y la poesía del ritmo decorativo aborigen. Así los "mates" ayacuchanos equivalen a los yaravies arequipeños. En plástica y música peruana están sometidas las señales raciales al dominio del medio andino musical y pintoresco. Se (1929) realiza el connubio de la guitarra y el indio en el sentido yaraví arequipeño. Y en los mates los ritmos decorativos mudejar con las simples figuras indígenas. Este poder telúrico musical domina la vida y su expresión: El cholo de Yanahuara y el cholo de Ayacucho son los tipos ya logrados de este poder y las primicias de una cultura genuina y radiante.

J. A. S.



*Extraído de: Amauta, N° 26, págs. 18-20 (1929).

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