14 jul. 2014

"Emoción distante de la puna y los arrieros de contrabando" de José Varallanos


(Pablo Neruda y José Varallanos, foto publicada en su libro"El Caudal  de los años")



Desnudo y primitivo el viento es un silbido frío de huesos.
excitado de nubes duras el paisaje remolina, remolina
aquí y allá la tierra chúcara da bramidos de cuevas tempestades incubadas por el sol.

puna.
las peñas revientan como flores pétreas
y va sangrando el silencio salvaje y alto.

no se oye sino el grito íntimo de la sangre en el hombre.
embadurnada de charcos la planicie de paja es dolida
y majestuosa.
aquí la canción es color de roca y de tierra fuerte.
la voz se hace frío y aumenta galgas de miedo.

hasta aquí solo ha llegado el hombre inka,
que es desde antes de las montañas.

algún pintor primitivo hizo este bosquejo fuerte y amplio.
Dios pintó cuando fue joven todos los paisajes.
Huiracocha había cantado las alturas bajo la mitología aborigen.

al pasar, los arrieros están temblando de las jircas
y sienten el espasmo de las alturas.
niño, "la tempestad de aguacero estará cerca, escondido en alguna
                                                                                         (hoyada
como las perdices, viéndonos, aguaytándonos de agrestes", dice el 
                                                                                     (muchacho.
tan cerca está la puna de comienzo del hombre.

estamos en Toccana.
y los peñones y los cóndores no han venido ahora;
apure don Feliz, apure; puede darnos un rebencazo la puna.

los pajonales están arrullando el rayo.
los keshuas han enterrado el cansancio en sus viajes.
jassa! jassa! burro, burro!

antes que despiertes los ayas de las punas pasemos Toccana.
y el silencio puro que va anegando frío en el alma.
sin embargo de los ponchos canarios, que nos cubren, qué frío!

por un diviso agrio de roca se da un chorrito de agua virgen.

unos pájaros de piedra están cantando silencio negro.
están haciendo mudez la vida unos bloques de piedra.
y unos cuantos tragos de aguardiente del camino
para ponernos valerosos de todas las fuerzas.

jassa, jassa!
el látigo del arriero suena los cerros uniéndolos de ruido.
y las bestias huelen las yerbas duras y el camino que se llevan
en sus lomos
y toda la emoción de soledad llena de nuestras alforjas.

bajando la puna una hurra de cumbres se levanta en cada corazón.
ahí, por ese camino borrado, todavía un Inka pasa en séquito
por nuestra sangre.
el contrabando de aguardiente va saliendo ¡limpio!
que bien se habrá dormido el aduanero dentro de toda la noche!

las punas hacen inmóvil el día alto y tosco.

jassa! jassa! y arriando los caminos.

una copita para olvidar el silencio que nos sigue.
unas cuantas hojas de cocca como himnos para las jircas.

jassa! jassa!

por tras de nosotros rayando las pajas
el viento corre desnudo y primitivo hasta los huesos.
jassa! jassa!



*Extraído de: Amauta N° 23, págs. 35-36 (1929).

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