Guardarme en la raíz de los árboles
en la parte oscura y mojada de la piedra
en el fondo de un cuarto o detrás de la pared
como quien se fusila o se desata una vena
con vergüenza
agachada pero juntándome a la puerta
para oírlos
gotear en la escalera, pulsar en los pasillos
tus pasos
golpeando sobre mi corazón
subiendo y bajando con él
tus pasos que no son tus pasos
sino la bulla de mi corazón
su purísima oreja
su ventana, sus brazos, su intención
que no procede.
*Extraído de: Umbral, N° 2, pág 56. (Lima, Diciembre de 1987)
0 comentarios:
Publicar un comentario
¿Te agradó el texto? ¡Deja tu comentario!