30 jun. 2014

¿Qué es una filosofía?, por Antenor Orrego

Orrego visto por Julio Esquerre (Esquerriloff)


¿CUÁL ES LA FUNCIÓN DE PENSAR?

Sumerso en la heteróclita disgregación de todas las ideas, de todos los sistemas y de toda la estructura cultural en que se asentaba la vida contemporánea, en medio del caos moderno al americano de hoy tiene que comenzar por el comienzo. Valga la redundancia. Y tiene que revestirse del suficiente valor para comenzar. Raza que renuncia a comenzar se condena a no llegar a ser jamás una valoración intrínseca en el devenir de la historia.

           Después de repetir malamente a Europa, en segunda edición desvitalizada,- no podía ser de otra manera- los americanos nos estamos convenciendo que América solo saldrá de si misma en la proporción del esfuerzo y del valor que tengamos para descubrirnos. Todas las grandes y pequeñas culturas han partido de esta certidumbre. Escrito está que cada nueva agrupación humana únicamente puede salir de si misma, nutrirse de sus propias entrañas. Su conformación biológica no ha sido hecha para asimilar alimentos extraños. No ha sido ni es vano el mito de Saturno.

           Tenemos que responder originalmente a las interrogaciones fundamentales que se han hecho las razas y los pueblos de todos los tiempos. Hasta ahora las respuestas las hemos aprendido de bocas extrañas, a la manera como el escolar nemotecniza para el examen las respuestas de su programa. Hemos estado dando examen hace más de cinco siglos, desde que los invasores destruyeron las culturas autóctonas de nuestras tierras, que tuvieron sus propias respuestas. Nuestra literatura, nuestra filosofía, nuestra política, nuestra economía han sido una trabajosa y angustiante preparación de exámenes, un aprendizaje de respuestas que en nosotros se tornaban yertas y se mecanizaban porque no eran las nuestras.

           De la manera como reaccionemos frente a estas interrogaciones fundamentales depende todo nuestro porvenir espiritual y material. Una cultura no es sino un conjunto de respuestas que una colectividad humana da en el curso de determinado ciclo histórico. América ha comenzado o va a comenzar a dar sus respuestas. Todo lo revela y lo anuncia. Respuestas en acción y respuestas en pensamiento, respuestas en arte y respuestas en política. Todo esto tiene que constituir su voluntad de ser y su voluntad de poder.

           La misma peripecia de Sócrates en la cultura griega, la misma peripecia de los escolásticos en la Edad Media y la misma peripecia de Descartes en a Edad Moderna tiene que repetirse en nosotros de modo inexorable. Debe repetirse porque de otra suerte no somos ni seremos nada. Tenemos que responder y definirnos. Nuestra intuición o conjunto de intuiciones tienen que revestirse de su paramento racional para expresarse. Tenemos que crear nuestras propias razones.
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           Crear y verbalizar estas razones colectivas, extraerlas del caos de lo indefinido, expresar un determinado orden de sabiduría, definir por medio de ellas una determinada estructura o jerarquía vital, he aquí el objeto y la función de la filosofía.

           La idea es abstracta, impersonal, antivital, extraña, a la sustancia carnal y a la realidad síquica del hombre; es decir, extraña a la vida. En cambio el pensamiento es algo concreto e individual, algo que está en la carne y en el alma del hombre que lo expresa.

           La idea para antropomorfizarse y hacerse pensamientos necesita vehiculizarse a través de la realidad y del corazón del hombre. Sólo a este precio puede hacerse acto, o lo que es lo mismo, un factor operante dentro y fuera del sujeto. No solo se piensa con el cerebro; se piensa con todas las potencias físicas y espirituales del hombre. El pensamiento es un todo vivo, orgánico, eficiente y perfectamente estructurado. 
              
           La idea carece de ritmo, de vibración y de elocuencia personales;  es ahistórica, neutra, ambigua y hasta cierto punto, vaga e indefinida. La idea carece de estilo, de colorido individual, no se ha sumergido en el abrevadero del hombre. Por el contrario el pensamiento rezumen siempre de la historia, es una definición y una distinción entre la indeterminación y el caos de la idea.

           El objeto esencial de una filosofía es expresar el estilo de un hombre y de una época, la manera de reaccionar de una raza frente a los enigmas del Universo. Esto equivale a decir que el objeto de la filosofía es el pensamiento. De lo contrario es una fría armazón lógica, indefinida, enteléquica y cadavérica.
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           Sólo el estilo es definición y orden dentro de la vaguedad caótica del Cosmos, es el mensaje de la Vida a través de cada ser y de cada forma.  El estilo es el único vehículo por el que se traduce la vida, se concretiza y se hace perceptible.

           La verdad sólo podemos poseerla como estilo, es decir, como ritmo y vibración personales. La verdad es la expresión plena de la realidad biológica, psíquica y espiritual del hombre en determinada fase de su evolución histórica. No hay verdad impersonal y completamente abstraída del sujeto viviente y pensante.

           En toda filosofía hay dos elementos que no se les diferencia y que a menudo se les confunde. De un lado, una idea o un conjunto de ideas asimiladas, trasfundidas en el ser, estilizadas en el individuo pensante, que es lo que constituye el pensamiento vivo. De otro una idea o un conjunto de ideas muertas, vagas, abstraídas, desvitalizadas y ahistóricas. El primer elemento es el único que cuenta para la filosofía, es decir, para la vida misma. O para definir en una palabra; solo la idea dramatizada, estilizada, que ha corrido la peripecia individual es la que puede definir o expresar una verdad que realmente sea percibida y aprovechada por el hombre.
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           Comprendida esta distinción en todas sus consecuencias es fácil comprender, también, lo vano y lo ocioso que es discutir racionalmente una filosofía en su armazón enteléquica, de idea pura y abstracta.

           Lo único necesario es comprender el ritmo individual, el estilo original de una filosofía, asimilarlo en nuestro ser; incorporar en nosotros la verdad que éste expresa, carnalizar en nuestra realidad el pensamiento, la peripecia dramática que representa.

           Una filosofía es tanto más grande o tanto más genial, cuando más el pensador ha estilizado la idea o el conjunto de ideas que la constituye. El llamado caos de las filosofías que confunde a los temperamentos no filosóficos, es el caos de las ideas abstraídas, desvitalizadas y discutibles. Un pensamiento histórico no puede ser discutido sino comprendido y asimilado.

Trujillo-Perú.



*Extraído de: Amauta, N°27, Noviembre de 1929.

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Descarga "Pueblo Continente" de Antenor Orrego

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