17 jun. 2014

"La Iglesia católica y la pena de muerte" por Marco Aurelio Denegri


Escritor, polígrafo y periodista Marco Aurelio Denegri
(Fotografía: Cortesía de Paola Flores/El Comercio)

¿Defensa insólita?

       "Aunque parezca insólito -decía el encabezamiento de una noticia publicada en un diario local-, obispo defiende la pena de muerte."

       Séame permitido aclarar que tal defensa no es insólita; todo lo contrario, es sólita, y lo demostraré inmediatamente.

       Según la doctrina tradicional de la Iglesia Católica, la pena de muerte no contradice la ley divina, aunque tampoco es estrictamente necesaria; su necesidad depende de las circunstancias. Cuando  éstas la justifican, se aplica.

Espeluznantes matanzas bíblicas

       Dios mismo ha sido aplicante de medida tan extrema; y si bien consta en la Biblia el precepto "No matarás", prohibición tal sólo rige para los miembros del pueblo supuestamente elegido. Lo cual es tanto más evidente cuanto en la Biblia se refieren varias matanzas espeluznantes ordenadas por Dios o ejecutadas directamente por él. Convénzase lector de los ejemplos siguientes:

       "Esa noche pasaré yo por la tierra de Egipto y mataré a todos los primogénitos de la tierra de Egipto, desde los hombres hasta los animales, y castigaré a todos los dioses de Egipto. Yo, Yavé." (Éxodo, 12:12.)

       "En medio de la noche mató Yavé a todos los primogénitos de la tierra de Egipto, desde el primogénito del Faraón, que se sienta sobre su trono, hasta el primogénito de los animales. El Faraón se levantó de noche, él, todos sus servidores y todos los egipcios, y resonó en Egipto un gran clamor, pues no había casa donde no hubiera un muerto." (Éxodo, 12:29.)
   
       Ocho capítulos después, en el capítulo veinte, Dios revela al hombre el Decálogo; sin embargo de lo cual, casi inmediatamente, en el capítulo veintidós, versículo diecisiete, se olvida Dios de que acaba de prohibir, entre otras cosas, el homicidio, y lo ordena tranquilamente. En efecto, el versículo diecisiete dice así:

       "No dejarás con vida a la hechicera." (Siglos después se apoyaría la Iglesia en este lugar veterotestamentario para justificarla absurda y cruenta cacería de brujas.)

       "Avanzaron contra Madián, conforme a la orden que Yavé había dado a Moisés, y mataron a todos los varones." (Números, 31:7.)

Una orden divina realmente increíble

       "Matad de los niños a todo varón -ordena Dios-, y de las mujeres a cuantas hayan conocido lecho de de varón; las que no han conocido lecho de varón, reserváoslas." (Números, 31:17-18.)

       Alberto Colunga y Maximiliano García Cordero, de la Pontifica Universidad de Salamanca, comentan en los siguientes términos el atroz pasaje recién transcrito:

       "Esta cruel ordenación no tiene justificación dentro de la ética humanitaria elemental, pero ha de entenderse dentro de las leyes de guerra de la antigüedad y dado el fanatismo religioso de la época" (Biblia Comentada, 1,888.) (Agrego: "y en vista de la viveza de la época"; porque efectivamente es una viveza eso de reservarse a las vírgenes para llevárselas a la cama.)

       "Pero en las ciudades de las gentes que Yavé, tu Dios, te da por heredad, no dejarás con vida a nada de cuanto respira." (Deuteronomio, 20:16.)

       Los teólogos Ludovico Bender y Agostino Pugliese, en su artículo sobre la pena de muerte, incluido en el Diccionario de Teología Moral, editado por el cardenal Francesco Roberti, prefecto del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica, manifiestan que de acuerdo con la Sagrada Escritura, la autoridad civil tiene el derecho de matar a un delincuente, y esto como derecho perteneciente bíblicos siguientes: Génesis, 9:6; Éxodo, 21:22ss; Levítico, 24:17; Deuteronomio; 19:11; Romanos, 13:4.)

La misma Iglesia podría imponer la pena de muerte

       La iglesia no se opone, pues, a la pena de muerte y podría incluso imponer a los delincuentes súbditos suyos. Que de hecho no lo haga, no significa que no tenga el derecho de hacerlo.

       Véase lo que dice sobre el particular el canon 2214, inciso 1, del Código de Derecho Canónico:
     
       "La Iglesia tiene derecho connatural y propio, independiente de toda autoridad humana, a castigar a los delincuentes súbditos suyos con penas tanto espirituales como también temporales."

       Tres ilustres catedráticos salmantinos, Lorenzo Miguélez Domínguez, Sabino Alonso Morán y Marcelino Cabreros de Anta, comentan así este inciso:

       "Dado su carácter de sociedad perfecta, puede la Iglesia imponer toda clase de penas en tanto en cuanto sean necesarias para conseguir su fin y y tutelar el orden social. Por eso no vemos inconveniente en admitir que pudiera también imponer la pena de muerte, si en algún caso la juzgara necesaria. El que a la Iglesia no le sea dado de hecho ejecutar ciertas penas temporales, no quiere decir que no tenga el derecho a imponerlas."

       Lejos, pues, de ser insólito el favorecimiento eclesiástico de la pena de muerte, se evidencia, antes bien, por los textos aducidos, que la misma Iglesia, en principio y por derecho connatural y propio, podría imponer semejante pena a los delincuentes súbditos suyos.

Un defensor insigne de la pena de muerte

       Por otra parte, según leo en el quinto tomo de la Enciclopedia de la Religión Católica, en el artículo "Pena", ha sido Santo Tomás de Aquino, teólogo de talla prócer, quien ha defendido con más autoridad, en favor del bien común, la pena de muerte impuesta por la suprema autoridad legítima en casos de delitos gravísimos.

       Agregaré, para terminar, y como dato curioso, que en el apartado 33 del tercer capítulo de la novela de Julio Ramón Ribeyro, Cambio de Guardia, uno de los personajes de la obra, el obispo, se expresa como Sano Tomás en relación con la pena de muerte, aunque seguramente sin haberlo leído.



*Extraído de: Umbral, revista del conocimiento y la ignorancia. N°15- Mayo 2003. (Págs. 190-193).

_____________________________________________________________________

Relacionado:

"Meditación del Circo" por Estuardo Nuñez

Share this Post Share to Facebook Share to Twitter Email This Pin This Share on Google Plus

0 comentarios:

Publicar un comentario

¿Te agradó el texto? ¡Deja tu comentario!