17 may. 2014

"Los Iguana" de José Watanabe





Repasa con tu mano las paredes, las puertas, las ventanas
y dime: ¿ no sientes que todo es arena
milagrosamente conglomerada y erguida
en casas, como la mía, antigua, donde mi hermano Valetín cuida
              el candil
como una lámpara votiva?
Mi pueblo debe muchísimos años.
Todos heredamos esa deuda de tiempo.
Vivimos esperando que un día el tiempo penetre como un violento
             cansancio
en la arena, y la arena vuelva a ser fina y dispersa, materia
de rápida erosión, disdibujando salas dormitorios corrales el pueblo.
Una mañana será bastante para la completa dispersión.
Por la tarde despertaremos en nuestra nueva y escueta patria:
                            un arenal y a lo lejos un espino.
Allí pagaremos nuestra deuda,
quietamente, pero durando
como la iguana gris que sólo baja los párpado displicentes
                          para ver contra el sol
                          y el color de su sangre.
Así también nosotros sabremos si la sangre todavía nos circula roja
o si ya se nos cuajó negra y muerta.
Y si roja, nuestra alegría será íntima y tácita
como la alegría de la iguana que no tiene voz para celebrar.



*Extraído de: "El uso de la palabra"- José Watanabe (1989).

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