17 may. 2014

"El Huaquero y La Princesa" de Horacio Alva Herrera

Cuento-Comedia: Parte primera:


PERSONAJES:

-El huaquero
-La princesa Yonán
-El Chimú Cápac
-El Gran Sacerdote
-Sacerdote segundo
-Los tres pretendientes
-El Hábil Morropón
-El cacique Yoc
-El Diestro Ucup
-4 soldados
-6 cortesanos

LA ACCIÓN: En la ficticia ciudad subterránea de Chan-Chán.

ÉPOCA: Actual.

VESTUARIO: De la época del Imperio Chimú.

PRIMER CUADRO

(Sala principal del palacio Chimú-Cápac).

En escena: El gran Chimú o Chim-Cápac, en su trono de oro macizo.- A su lado la princesa Yonán (derecha) y el Gran Sacerdote (izquierda). –Los cortesanos. A la puerta, un soldado.-
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Chimú-Cápac (Ch. C.).- Los he reunido, vasallos demo corte para anunciarles que he decidido que mi hija, la princesa Yonán, contraiga matrimonio.

Gran Sacerdote (G.S.).- La notica que nos das. Chimú-Capac, llena nuestro pecho de satisfacción. Ya era tiempo de que la bella princesa contrajera matrimonio.

Ch. C.- En efecto, me encuentro bastante agobiado por los años y necesitaré muy pronto quien me suceda en el trono del vasto imperio del Gran Chimú.
Mi esposa, que en paz descanse, no me dejó sino esa bella y querida hija. Luego pues, quien con ella se despose será el futuro emperador de mi imperio subterráneo.
Yonán.- Acataré tu voluntad, padre mío. Dispón quien ha de unirse a mí bajo el altar del dios Kon.

Ch. C.- Creo, hija mía, que los que he pensado y dispuesto es lo más conveniente para ti y para el imperio. Bien sabes, dulce Yonán, que cuando los hombres de raza blanca se apoderaron de las dilatadas tierras de nuestros antepasados, el emperador de aquel tiempo ordenó que en secreto se cavara este reino subterráneo. Desde entonces, nuestra raza no ha visto jamás el sol, vivimos de los sembríos del subsuelo y de la pesca nocturna del mar. Nuestros riquísimos tesoros los guardamos celosamente para que no caigan en poder de los hombres de allá arriba. Pero cada vez es más difícil aquí la vida. La rapiña de los malditos huaqueros, que destruyen las ruinas externas de la ciudad de Chan-Chán y que cavan sus viejos paredones, pones en peligro nuestras riquezas. Es pues necesario ocultarlas más severamente.

Yonán.- Bien comprendo todo eso, padre y señor mío; mas no sé qué relación puedan tener esos asuntos con mi matrimonio que hace un instante has anunciado.

Ch. C.- Escucha con paciencia, hija mía. Deseo que te cases con un hombre que se capaz de saber ocultar el tesoro real en la forma más perfecta; que al mismo tiempo ese hombre cuente con el agrado del dios Kon; y además, que tenga la facultad de comunicar a nuestro imperio subterráneo el don de la alegría, para aliviarnos de esta eterna penumbra.

Gran S.- Sabias son tus palabras, señor. Sólo un hombre que reúne esas tres virtudes será digno de casarse con la princesa y gobernar algún día el imperio subterráneo.

Ch. C.- Muchos son tus pretendientes, Yonán; pero entre ellos he escogido a los tres más fuertes e inteligentes.

Yonán,- Quien resulte vencedor ganará mi corazón.

Ch. C.- Haced pasar a los tres pretendientes.
             (Soldado No. 1 hace una reverencia y sale)

Ch. C.- Veremos, hija mía, si estos mozos que pretenden tu mano, son de tu agrado.
(Soldado No. 1 retorna y hace pasar a los tres pretendientes, éstos hacen profunda reverencia ante el Chimú-Cápac y otra ante Yonán, ésta recorre de pies a cabeza con la mirada a los pretendientes y hace un gesto de desagrado).

Yonán (aparte).- La verdad que de estos tres feos no sale uno solo.

Ch. C.- ¿Qué decías, hija mía?

Yonán.- Pensaba, padre y señor. (Dirigiéndose al pretendiente No. 1). - ¿Por qué deseas casarte conmigo?

Pret. 1.- Porque eres bella como una guanábana.

Yonán.- ¡Qué galantería tan vulgar! (Dirigiéndose al pretendiente 2). – Y tú, ¿Por qué deseas casarte conmigo?

Pret. 2.- Porque eres dulce como una sandía.

Yonán.- (Con un gesto de fastidio). – Qué galante- más tonto. (Dirigiéndose al pretendiente 3). – Y tú ¿por qué razón deseas casarte conmigo?

Pret. 3.- Porque eres airosa como una guaba.

Yonán.- (Volviéndose a su padre).- Señor, ¿deseas mi opinión respecto a los tres pretendientes?

Ch. C.- Por Supuesto, Yonán.

Yonán.- Pues escúchala: son tres pazguatos caídos del ciruelo (El Rey hace un gesto de cólera). – No te encolerices, padre y señor mío. Debes estar seguro que si uno de ellos vence en las tres pruebas, me casaré con él, aunque resulte más vacío que una calabaza.

Ch. C.- (A los tres pretendientes).- Bien, puedan ustedes retirarse. Mañana comenzará la gran prueba.
(Los 3 pretendientes hacen otra reverencia, y en ordenada fila se retiran por la misma puerta por donde entraron a escena).

(Soldado 2 entra por la misma puerta a la carrera, jadeante).-

Soldado 2.- Señor, Señor. Un inmundo huaquero ha caído en nuestras manos.
Ch. C.- (Poniéndose de pie).- ¡Un huaquero! (movimiento general de sorpresa) Qué han cogido vivo a un huaquero…

Soldado.- Sí, señor, vivito y coleando.

Gran Sacerdote.- ¿Y cómo ha sido el suceso?

Soldado.- Estaba yo de centinela en la puerta a mayor del imperio subterráneo, cuando escuché golpes de pala. Investigué, y vi a un inmundo huaquero del mundo de allá que, alumbrándose con una potente luz, y entre extrañas canciones, dábase a la tarea de cavar un agujero bajo de un muro, exactamente sobre nuestra puerta.

Ch. C.- ¡Atrevido huaquero! Le costará la vida.

Soldado.- Salí con mi patrulla y le capturamos, en momentos en que si misteriosa pala metálica tocaba ya nuestra puerta de algarrobo. Si gustas, gran Señor, le haré pasar. Viene muy resguardado, y trae consigo extraños objetos.

Ch. C.- Sí, sí, hazle entrar. Le costará la vida.

Yonán.- ¡Por fin verán mis ojos a un hombre de allá arriba! (Soldado sale)-

(El soldado vuelve al instante conduciendo al huaquero, y le obliga a postrarse de rodillas ante el Chimú-Cápac).

Ch. C.- Al fin mis hombres pudieron capturarte, dañino huaquero que destruyes las terrazas de mi pueblo subterráneo y robas los tesoros de mis templos y palacios.

Huaq.- Gran Jefe Chimú, los hombres de allá arriba ignoramos la existencia de este mundo subterráneo. Suponiendo que las ruinas visibles son despojos de una ciudad muerta me atreví a hurgar en ellas. De saber la verdad, jamás habríame atrevido a menoscabar tus dominios.

Ch. C.- Tu ignorancia no te exime de culpa. Mucho daño has causado a mi propiedad para que yo te perdone. (A los cortesanos) ¿Qué opinan ustedes, nobles caballeros?

Cortesanos (a coro).- ¡Que muera el huaquero!

Yonán (en voz baja),- ¡Pobrecillo! ¡Tan joven y buenmozo!

Gran S.- Chimú-Cápac, Chicamá, propongo que este huaquero sea sacrificado al dios Kon el día de la boda de la princesita Yonán.

Ch. C.- Bien que así sea.

Yonán (Adelantándose hacia su padre).- ¡Oh!, magnánimo padre Chicamá. Has dispuesto matrimonio con aquel de tus vasallos que venza en las tres pruebas. Pronto tu amada hija Yonán se unirá al vencedor, y no deseo que el día de mi boda cruel sacrificio imponga sangre, duelo y tristeza. Por amor a esta tu hija, respetable Chicamá, te ruego perdones la vida del huaquero y le permitas participar en las tres pruebas. De salir triunfante, será mi esposo, pues me gusta su porte varonil; de resultar perdedor morirá en el templo dos días después de mis nupcias.

Ch. C.- Nada puedo negarte, hija mía, porque tú eres la luz de mis ojos y el consuelo de mi ancianidad. Sea lo que has solicitado. ¡Eh! Tú, sacerdote, indica al huaquero en qué consisten las tres pruebas.

Gran S.- (acercándose al huaquero).- Para alcanzar la mano de Yonán tienes que vencer tres difíciles pruebas.
La primera consiste en cavar durante tres días y tres noches una cueva para guardar el tesoro real de la voracidad de los huaqueros que pululan en la superficie de esta ciudad; así probará el pretendiente capacidad para salvaguardar las riquezas del imperio. La segunda prueba consiste en alcanzar la gracia del dios Kon: aquel que logre una palabra o un gesto del dios de dioses, probará que este manifiesta conformidad con su unión a la princesa. Y la tercera reside en bailar la danza más original y alegre, porque el futuro emperador debe brindar a la princesita Yonán y a su pueblo, el supremo don de la dicha.

Ch. C.- Conducid al huaquero a su celda. Mañana al amanecer empieza la primera prueba. Si vences, hombre de allá arriba, tendrás la felicidad de casarte con Yonán y heredar mi corona. Si pierdes te costará la vida.

Huaq. (Mirando con admiración y afecto a Yonán).- Gracias, oh bella princesa. Tienes el corazón tan cargado de bondad, como el rostro pleno de encanto.

Yonán.- ¡Qué el dios Kon te ayude, apuesto huaquero! (El soldado conduce al huaquero, y ambos salen por la misma puerta por donde entraron. El huaquero no desampara su lampa, que la carga al hombro, su linterna de kerosene y su radio portátil).-
TELÓN.



*Extraído de "Chan Chan en la Poesía"- Alberto Pinillos R. (1994).

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